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  LA LAGUNA PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

 

Situada al N.E. de la isla, en el centro de un extenso valle que los aborígenes llamaban Aguere. Se encuentra a unos 550 m. de altitud, rodeada de un circulo montañoso. Esta vega fue elegida por las tropas conquistadoras para asiento de la primera capital de la isla. Posee un extenso territorio municipal, que se asoma al mar por la costa de Valle de Guerra, Tejina, Bajamar y Punta del Hidalgo. Hasta el siglo XIX fue capital de Tenerife y sede de su Cabildo. Conserva el trazado colonial de su primera época con sus calles rectas que se cortan en ángulo recto, sus casas de tipo tradicional canario, sus palacios, iglesias y conventos. En los primeros meses de 1496 se inicia el asentamiento de soldados y civiles en La Laguna, construyéndose las primeras cabañas a los pies de la actual iglesia de la Concepción y a cierta distancia de la célebre laguna que se extendía hacia el Este y que desaparece en 1837 cuando se le da desagüe.

La existencia oficial de La Laguna empieza el 9 de julio de 1497, cuando el Adelantado Alonso Fernández de Lugo designó a los seis regidores y a los dos jurados que habían de componer el primer Ayuntamiento de la isla. El Adelantado escoge para su morada un sitio alejado del primer núcleo de población, al extremo de la vega, exactamente en parte de lo que actualmente es el convento de Santa Catalina. El plano en cuadrícula de la ciudad aparece reflejado en el que hace el ingeniero Torriani para el rey Felipe II en 1590. Su crecimiento es lento a lo largo de los siglos siguientes: En el siglo XVIII destaca la construcción de dieciocho molinos de viento situados hacia el SO y el progresivo traslado de los principales órganos de la administración como la Capitanía General hacia Santa Cruz tras la decadencia de los puertos rivales de Garachico y la Orotava.

En el siglo XIX se crean el Obispado, el Instituto de Enseñanza Secundaria de Canarias, la Escuela Normal de Maestros y estudios universitarios de Filosofía, Teología y Derecho hasta que en 1927 se crea la Universidad de San Fernando. A partir del siglo XX la ciudad ha empezado a ensanchar su perímetro urbano a un ritmo cada vez más rápido, pero el centro conserva en su integridad el mismo trazado en cuadrícula que dejara plasmado Leonardo Torriani.

Primer mapa:

 

Primer centro de enseñanzas:

 

Primera universidad:

 

Las salidas de misa, toda una ceremonia social:

 

Primer hotel, el Aguere:

 

Primer obispo que vino a Tenerife:

 

La cruz de la conquista:

 

 

Historia de las construcciones  de La Laguna

La localización de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna respondió a razones estratégicas, por su terre­no elevado y alejado del mar que comunica las vertientes Norte y Sur de la isla, permitiendo así el control de las mismas y la protección de la ciudad arte posibles ataques piráticos. Se trataba de una llanura privi­legiada definida por los cursos de agua, las montañas y la propia laguna: utilizada en su momento por todos los Menceyatos de la isla como zona comunal de pasto, lo cual denota la riqueza de estos parajes.

Tras el sometimiento de los aborígenes se celebra el primer Corpus en la primitiva iglesia de la Concepción, ubicada cerca del actual edificio, aquella precaria construcción de la que no se conserva nada, corresponde a una primera fundación de la ciudad (1496), en torno al primer campamento provi­sional. El núcleo inicial se conoció como la "Villa de Arriba", donde se desarrolló un trazado irregular de calles producto de un asentamiento desordenado y sin previa parcelación. En 1500, el primer adelantado Alonso Fernández de Lugo vuelve a la isla tras capitular con la Corona de Castilla las condiciones opor­tunas en concepto de la conquista y realiza la fundación definitiva de la ciudad., a partir de un nuevo tra­zado en torno a la actual plaza del Adelantado, conocida entonces corno "Villa de Abajo". De este nuevo núcleo surge un trazado de retícula ordenada según el diseño de calles rectas basado en el modelo clási­co (patrón ya empleado en algunas ciudades de fundación anterior, situadas en la baja Andalucía como Chipiona y Puerto Real, en la provincia de Cádiz). Se trataba de una ciudad sin amurallar fundada bajo régimen colonial, por lo que tuvo que responder a nuevas necesidades políticas, económicas y sociales, sirviendo de modelo al proceso colonizador que posteriormente tendría lugar en el Caribe.

En 1506 aparecen en la ciudad las primeras órdenes religiosas. Agustinos y franciscanos fundan sus con­ventos, seguidos por los dominicos (1522) y monjas Clarisas en 1547; durante el siglo XVII se establece el de Santa Catalina de Siena y a finales del mismo llegan Jesuitas y Bethlemitas.

La primera parroquia la constituye la iglesia de la Concepción y en 1515 se crea la de Los Remedios, como respuesta a las demandas de los habitantes de la "Villa de Abajo". Simultáneamente se fueron erigiendo  numerosas ermitas en la periferia de la ciudad, San Roque, San Miguel, San Diego, etc.

Una importante función institucional colma la ciudad desde su fundación, ya que fue centro adminis­trativo y sede de las instituciones que gobernaron la vida política, económica y religiosa de Tenerife. El primer Cabildo se constituye en 1407, siendo pre­sidido por el primer adelantado, entre cuyas fun­ciones estaban las de nombrar alcaldes, alguaciles y regidores, así corno repartir solares, ordenar los Usos de los terrenos y otorgar concesiones y privi­legios. Los órganos de gobierno se concentraron en torno a la plaza del Adelantado, en las Casas Consistoriales, que fueron mandadas a construir por el propio adelantado a principios de siglo XVI, y en la Casa del Corregidor de 1541.

Debido a la necesidad de población en los terrenos conquistados, se ofrecieron condiciones ventajo­sas para el asentamiento de nuevos colonos: tal es el caso de tierras de cultivo en el campo o parce­las urbanas donde debían construir según las con­diciones fijadas por el Cabildo. El origen de los pobladores fue muy diverso. Entre los extranjeros predominaron, en un principio, los portugueses, que desempeñaban esencialmente oficios de obras públicas, como alarifes, carpinteros, albañiles, etc. También llegaron genoveses, franceses, flamencos y castellanos entre otros, a los que habla que añadir naturales canarios y población aborigen. Desgraciadamente a esta última nunca se le concedieron los derechos pactados en la conquista, por lo que muchos de ellos acabaron siendo vendidos como esclavos dentro y fuera del archipiélago. De aquella diversidad cultural surgieron múltiples Influencias en la arquitectura, modelos económicas o en las explotaciones agropecuarias. En cuanto a los recursos económicos, en un primer momento merma la producción de grano y la explotación ganadera, muy abundantes antes de la conquista, a favor de una mayor elabora­ción de azúcares y viñedos que tenían una alta rentabilidad económica. Pero los parajes que rodeaban la ciudad eran muy aptos para el pastorea y recobran pronto su valía. También la pro­ducción de grano sufre un incremento progresivo, reflejado en los numerosos molinos y hor­nos, así como en las dos tipologías de vivienda surgidas de la necesidad de almacenar el grano: las casas granero y las casa de tres plantas con granero en la última, con tres variantes, venta­nillos rectangulares, elípticos y balcón corrido de madera, objeto de nobles trabajos que se con­virtieron en símbolo de la arquitectura tradicional canaria. Esto refleja cómo La Laguna llegó a ser un importante centro de mercado de cereales, patente con la existencia de la Casa de la Alhóndiga (principios del siglo XVIII), situada en la misma manzana que los centros adminis­trativos actuales.

Los primeros planos de la ciudad datan de finales del siglo XVI, elaborados por el ingeniero Leonardo Torriani, enviado por Felipe II para estudiar la defensa militar del archipiélago; este documento refleja el rápido desarrollo que tuvo La Laguna durante el siglo XVI, contando entonces con cerca de 1.000 casas. Sin embargo, en los siglos XVII, XVIII y XIX, el ritmo de construcción se reduce, existiendo a comienzos del siglo XIX 1.061 casas y 1.100 edificios al final del mismo.

En el plano que Torriani dibuja en 1588, se aprecia que la trama de la ciudad estaba ya prácticamente configurada tal como la conocernos hoy en día, sin aperas cambios considerables.

Durante el siglo XVII, la Capitanía General asume la función de gobierno, fijando su residencia en la Laguna en 1655; el primer Capitán General, Diego Alvarado Bracamonte, mandó edificar la actualmente conocida como la Casa de los Capitanes Generales, situada en la misma manzana donde estaban los demás órganos de gobier­no, frente a la plaza del Adelantado. En el siglo XVIII se traslada la Capitanía General a Santa Cruz, que había asumido la función de puerto comercial desde que en 1706 se produjera la erupción volcánica que destruyó el puerto de Garachico.

A finales del siglo XVIII, La Laguna pierde la capitalidad insular, que pasa a Santa Cruz. En 1812, como con­secuencia de la Constitución, las Islas se dividen en municipios, tantos como parroquias había en cada una de ellas. La Laguna se convierte entonces en un municipio más, pero dos importantes instituciones se establecen entonces en la ciudad: la Universidad, fundada en el siglo XIX, y el obispado nivariense, segregado en 1319 de la diócesis Canaria.

En 1837 se produce el drenaje de la laguna, permitiendo la expansión urbana en esa dirección. Es en el siglo XX cuando vuelve a darse un aumento importante de edificaciones, así como numerosas intervenciones dentro del Casco Histórico, muchas de ellas desafortunadas.

Son estos y miles de acontecimientos más los que han ido dotando a la ciudad de carácter propio, una villa repleta de emblemas con personalidad balcones, ajimeces, plazas, patios, verodes, callejones, inscripciones y blasones. Un enclave que ha sido, y será, puente entre dos culturas, la europea y la americana, fuente de enri­quecimientos culturales. Paseando por sus calles, en ocasiones angostas, se disfruta de un patrimonio arqui­tectónico notable y bellísimo. Un centro histórico colmado de vida alegre y dinámica, que mereció entrar, en diciembre de 1999, en la lista de ciudades Patrimonio de la Humanidad, otorgadas por la UNESCO.

Finalmente, en 2004 se aprobó el Plan Especial para la protección del Centro histórico, redactado por el equipo encabezado por la arquitecta Maria Luisa Cerillos, y que supone una buena base para lograr la conservación y revitalización del área patrimonial.

 

La formación del casco histórico a partir de 1496.

El centro histórico de la ciudad está sembrado de hitos religiosos que van desde las pequeñas capillas de cruces hasta los grandes conventos, pasan-do por iglesias, parroquias y ermitas que rodeaban el núcleo urbano primi­tivo.

Estas construcciones han logrado permanecer a través de los siglos, más o meros transformadas, gracias a que han tenido un uso continuado y han sido lugares de devoción que despiertan la sensibilidad de los ciudadanos.

 Los factores que más cambios o variaciones han provocado en la morfología de estos edificios han sido desamortizaciones, incendios y defectos en la construcción. Tanto la Iglesia de la Concepción como los Remedios han tenido una historia salpicada de incidentes, parecía que nunca se terminaban debido a sus constantes estados ruinosos. Los conventos de San Francisco, Santa Clara y San Agustín han sido pasto de las llamas en distintos momentos. Las víctimas de las desamortizaciones fueron de nuevo El Cristo, San Agustín y Santo Domingo, cambiando de uso y sufriendo, por tanto, graves transformaciones. Sin embargo, conservan gran parte de sus valores, mostrando hermosos trabajos en piedra y sobre todo en madera, tales como artesonados, balcones, ajimeces, galerías y todo tipo de bienes muebles.

 

 

Las construcciones religiosas tuvieron un auge espectacular:

 

Vistas antiguas:

 

 

Panorámica 1915 desde la Concepción.

 

La ciudad que te busca!

 

LA LAGUNA
La ciudad de los sentidos
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SABAS MARTIN

Algunas ciudades permanecen en la memoria. La Laguna, además, vive en los sentidos. Y aunque se esté lejos, aunque el tiempo señale otras fronteras de la distancia, quien ha estado en ella la siente vívida y cierta cuando la nombra. La Muy Noble, Leal, Fiel y de Ilustre Historia -según reza su escudo-ciudad de San Cristóbal de La Laguna posee una personalidad singular, un espíritu y un estilo que la hacen inconfundible.

Recorrer La Laguna es sumirse en un espectáculo sorprendente en el que se suceden las huellas vivas y permanentes del arte, la cultura y la historia. En su casco histórico se conservan casi 600 edificaciones antiguas que han sido motivo más que suficiente para que, el pasado día 2 de diciembre de 1999, la Unesco la declarara Patrimonio de la Humanidad.

Hace poco más de 500 ańos, Alonso Fernández de Lugo escogió un enclave sagrado, al que los guanches acudían para el apareamiento anual del ganado que pastoreaban, y fundó en él la que sería la primera capital de Tenerife.

Aquel extenso lugar fértil, generosamente abastecido de aguas, era el valle de Aguere, palabra que significaba "laguna" en el lenguaje aborigen.

Allí comenzó la historia de la que habría de ser también la primera ciudad universitaria de Canarias, la primera ciudad de Castilla concebida como un territorio para la paz y el comercio, y la primera fundación urbana hispana que tiene como referente geométrico la rosa de los vientos.

ACOGEDORA Y LIBERAL

Pionera y adelantada, laboratorio experimental del urbanismo y la arquitectura que se desarrollaron en el continente americano, La Laguna es una y múltiple a la vez. Siempre sorprendente.

Su memoria está formada por los recuerdos de portugueses, genoveses, florentinos, andaluces, catalanes, mallorquines y tantos otros que desde muy temprano se asentaron en ella.

Entre todos han configurado el talante humano, acogedor, abierto y liberal de La Laguna, una ciudad, además, de poetas, escritores y artistas, de tertulias célebres, receptora fecunda e introductora precoz en España de corrientes artísticas y políticas: del Renacimiento a la Ilustración o el Surrealismo.

La madera de balcones, artesonados y ventanales; las piedras y los cantos en el suelo de las calles y en las esquinas de las casas; los verodes como verdes penachos funámbulos haciendo equilibrios sobre cornisas y tejas; las espadañas y torres de la Catedral, la Concepción, el Cristo; los palacios y casonas (Nava y Grimón, Osuna, Salazar, la Alhóndiga, el Colegio de las Dominicas, Lercaro...).

Los conventos de Santa Clara y Santa Catalina con sus claustros, ajuares, confituras, celosías y ajimeces conviviendo con el prodigio de siervas incorruptas después de la muerte y con piratas legendarios; las más de 20 ermitas, cada una con su asombrosa historia: la de San Miguel (la primera de todas y donde se reunía el Cabildo de la isla), la de San Roque (sobre la peńa donde cayó abatido Tinguaro, el caudillo guanche), la de Las Mercedes (calificada por Duret como "la más hermosa del mundo"), la de San Benito (cuya cubierta se hizo de un solo pino); los jardines y huertos cuajados de dragos y palmeras, flamboyanes y henequenes, tamarindos y pitangas.

Las plazas como espacios abiertos a la humedad de la laurisilva, al vuelo confiado de las palomas, a los ecos bruńidos de los repiques litúrgicos; la curva esquiva del comienzo de la calle La Carrera, que dicen que así la mandó trazar Fernández de Lugo para no ver desde su casa el lugar donde asesinaron a su hijo...

Todo ello, entre muchas otras evocaciones, configura el rostro múltiple de La Laguna. San Benito, el Cristo y el Corpus son sus devociones mayores, una trilogía que, además de fervor, es bullicio de romería, estrépito de voladores y demás fuegos de artificio, y un dibujo increíble de flores y arenas alfombrando las calles. Recientes trabajos de investigación han revelado aún un rostro insólito de la capital lagunera. Conceptos platónicos y renacentistas confluyen en la configuración del trazado urbano original de una ciudad utópica y simbólica, visión del cielo que se refleja a sí mismo en los ángulos y vértices que dibuja la rosa de los vientos.

La morfología de La Laguna, su inconfundible perfil urbano, se mantiene intacto desde hace más de cuatro siglos, tal como recogió el ingeniero cremonense Leonardo Torriani en su mapa, diseñado en el año 1588.

Es el llamado triángulo histórico, del que ahora se ha sabido que se realizó utilizando astrolabios náuticos y un sistema de medidas con el 12 como cifra clave y el convento de San Agustín como exacto centro geométrico.

CONCEPCION PLATONICA

En la ordenación urbana de la ciudad está presente asimismo la curiosa idea de la antropomorfización, que tiene en la Plaza del Adelantado la cabeza, el corazón en la Catedral, y los pies en la Villa de Arriba.

De esta forma se aplicó a La Laguna el proyecto de ciudad ideal definido por Platón en Las Leyes. Esto es: una ciudad circular como el alma y el universo, de círculos concéntricos, sin murallas, con unas estructuras económica, social y política bien determinadas, muy definidas.

Una ciudad para la existencia en paz. Una ciudad utópica en la que parece que el tiempo no se ha detenido, sino que transcurre en otra parte, en algún incierto lugar de la emoción y la memoria. Una ciudad, sí, para vivirla en la plenitud de los sentidos, reconociéndonos cautivos suyos.

 

 

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